El vino se viste de fiesta

La mesa festiva invita a contar con variedad de platos y preparaciones para todos los gustos.
En nuestro país es frecuente ver que cada invitado lleva algo rico para compartir con otros familiares y amigos.
Con mucha frecuencia, se presenta una mesa fría ya que el clima lo amerita, contrariamente al hemisferio norte donde tiene lugar comida más calórica.
A la hora de pensar en bebidas, el infaltable considerar el espumante para celebración aunque, como país consumidor de tintos, también se presenta el debate para hacer la mejor elección.
Una de las reglas básicas en la armonía de comidas y bebidas, es respetar la intensidad aromática y el peso en boca.
Argentina es un país de sol y como tal, los vinos tienen graduaciones alcohólicas bastante elevadas; es importante enfriarlos lo necesario, para llevarlos a 16 / 18 grados, sobre todo teniendo en cuenta las elevadas temperaturas externas.
Hay cepas más suaves como el pinot noir, que si logra una acidez acorde a su tipicidad, será también una excelente elección.
La comida muchas veces se presenta como una suerte de “buffet”, una recomendación es hacer lo mismo con el vino, a través de una selección variada en estilos y cepas.
Se puede acompañar toda la comida con blancos o rosados tranquilos y también en la versión “con burbujas”; si queremos hacerles tributo, lo ideal será además despegarlos del postre y que el brindis llegue con el tiempo suficiente para que el vino no se desarme en boca ante la presencia del azúcar. Sin embargo hace buena armonía con el pan dulce, panetone y las frutas secas.
Es una recomendación ofrecer en las fiestas o en encuentros de similares características, variedad y distintos tipos de vino, para que haya un mejor juego en el maridaje, y sobre todo que cada uno pueda beber lo que más le gusta.

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